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    CURADOR: Adán Vallecillo
    FECHAS EXPOSICIÓN: 25 SETIEMBRE 2019 – 08 FEBRERO 2020
    LUGAR:TEOR/éTica. 300 METROS NORTE DEL KIOSKO DEL PARQUE MORAZÁN, SAN JOSÉ

    “Ahora bien, es necesario saber que para llenar el depósito de un coche de calibre medio que funcione con bioetanol, es necesario quemar trescientos cincuenta y ocho kilos de maíz, y que con trescientos cincuenta y ocho kilos de maíz, un niño de México o de Zambia (donde el maíz es el alimento básico), vive un año entero.”

     Jean Ziegler

    La presencia de la comida ha sido significativa en la historia del arte. Desde las piezas precolombinas, pasando por las escenas de banquetes renacentistas hasta el arte contemporáneo, muchas de las  obras de arte producidas a partir de referentes culinarios nos llevan a apreciar los alimentos unas veces como estímulos primarios de los sentidos, otras como estímulos de la memoria cultural y ancestral.

    ¿Cuáles reacciones detona la comida en el imaginario de los significados? ¿Qué ocurre cuando se pasa de las sensaciones a las interpretaciones?

    “La comida entra por los ojos” reza el dicho popular, algo que los artistas de esta muestra han sabido explotar para reconfigurar de múltiples maneras nuestra relación básica con los alimentos. Ya sea a partir de sus cualidades sensitivas: simple, salado, ácido, dulce, amargo, suave, crocante, jugoso, cremoso, picante, caliente, frío, tibio, etc. O bien revelando componentes menos visibles, desentrañando otras capas que pueden ir desde lo científico hasta sus dimensiones económicas, históricas o socio-culturales. 

    Es tan imposible clasificar la gran variedad de sabores existentes en el planeta, como lo es abarcar todas las posibilidades del uso de la comida en las artes visuales. Por esto, la comida en sus múltiples facetas es una forma de trabajo tan valorada entre la comunidad del arte. Los artistas han recurrido a ella por la familiaridad que despierta en todos –una primera capa de sentido afectiva–, por sus cualidades intrínsecas, así como por sus múltiples significados culturales. Los alimentos aparecen en el arte en su dimensión nutritiva, ceremonial, ritualista, familiar, política, comercial y hasta ética.  

     Así, en respuesta a la diversas geografías la comida es abordada de múltiples maneras: como materia prima de exportación, como ritual de comunión, como cebo; como deseo, placer orgiástico y afrodisíaco, necesidad básica o elemento de desequilibrio; como identidad cultural o lugar de nostalgia; como reflejo de la división sexual del trabajo y del entendimiento de los roles de género o como interés de las economías transnacionales y hasta de las luchas por la soberanía.

    Desde una perspectiva ética la comida permite también pensar nuestra alimentación en relación con el equilibrio y las formas de vida de otras especies (sobre todo animales), advirtiendo también las formas de explotación y maltrato animal asociado a la industria cárnica y sus formas de producción en diversos países. Aunque el consumo de la comida puede tomar la forma de culto y refinamiento –muy en boga en estos tiempos de sofisticación gastronómica– esto contrasta muchas veces con la privación de alimentos para millones de personas alrededor del mundo. Esta distinción entre comensales que aspiran a una experiencia “estética” dentro del amplio espectro del consumo gastronómico, frente a aquellos que buscan satisfacer solamente una necesidad básica para la reproducción de la fuerza de trabajo, señala cómo muchas veces la comida se convierte en símbolo de status, placer sublimado y privilegio de unos pocos. Sin embargo, el goce de los sentidos –por vulgar o grosero que parezca– atraviesa las múltiples clases sociales, así una gran cantidad de platos que hoy gozan de gran reputación en la alta cocina fueron en su momento despreciados por ser resultado de la necesidad creativa en los estratos bajos.

    Más allá de eso, todos disfrutamos de la comida. Entonces, que sea esa la principal excusa para abrir los sentidos y que esta convergencia de miradas y saberes se convierta en un abanico de sensaciones, lecturas y posibilidades discursivas.

    Adán Vallecillo – Curador

     


    Ingestion 

    CURATOR: Adán Vallecillo
    EXHIBITION DATES: 25 SETIEMBRE 2019 – 08 FEBRERO 2020
    LOCATION: TEOR/éTica. 300 METROS NORTE DEL KIOSKO DEL PARQUE MORAZÁN, SAN JOSÉ

    “The gas tank of a midsize car burning bioethanol holds 50 liters (about 13 gallons). To produce that much bioethanol, 358 kilograms (789 pounds) of corn must be destroyed. In Mexico, in Zambia, corn is the staple food. A Mexican or Zambian child could live off 358 kilograms of corn for a year.” 

    Jean Ziegler 

    Food, as a subject, has had a significant presence throughout the history of art. From precolumbian artifacts, and Renaissance banquet scenes, to contemporary art, many of the artworks inspired by culinary references entice an appreciation of foodstuffs as primary stimuli for the senses, while simultaneously activating cultural and ancestral memory. 

    What reactions does food provoke in terms of the imaginary? What happens when one shifts from physical sensation to interpretation? 

    “One eats with one’s eyes” as the saying goes. The artists included in this exhibition have fruitfully exploited this idea in order to reconfigure our basic relationship with food. Whether by starting from the sensorial qualities of food: simple, salty, sour, sweet, bitter, soft, crunchy, juicy, creamy, spicy, hot, cold, warm, etc. Or by revealing lesser known, or less seen, ingredients, their work unravels further layers of meaning, from scientific, to economic, historic or socio-cultural dimensions.  

    It is as impossible to classify the great variety of flavors extant on the planet, as it is to encompass all the ways in which food has been utilized within the visual arts. This is why, through its manifold facets, and as a form of labor, food has been greatly valued by the art community. Artists have appealed to food due to the familiarity that it rouses in us all—firstly through affective meaning—, for its intrinsic qualities, as well as due to its manifold cultural significations. Foodstuffs feature in art through their nutritious, ceremonious, ritualistic, familiar, political, commercial, and even ethical dimensions. 

    In response to its diverse geographies, food is referenced in multiple manners: as raw material for export, as a ritual of communion, as nourishment; as desire, orgiastic or aphrodisiac pleasure, as basic necessity or as an element of imbalance; as intrinsic to cultural identity or as trigger for nostalgia; as a reflection of the sex-based division of labor and of how gender roles are understood, or as economic interest in transnational exchanges, even in struggles for sovereignty. 

    From an ethical perspective, food allows us to think about nutrition in relation to balance and the lives of other species (animals especially), warning us about forms of exploitation and the mistreatment of animals by the meat industry and its methods of production in various countries. While the consumption of food can be a form of worship, and a marker of distinction—highly fashionable in our gastronomically sophisticated times—it often contrasts with food scarcity for millions around the world. The discrepancy between diners craving an “aesthetic” experience within a wide range of gastronomic consumption, and those merely seeking to satisfy a basic necessity for the labor force, is illustrative of how often food is turned into symbol of status, sublimated pleasure and the privilege of but a few. Nonetheless, the pleasures of the senses—as vulgar or base as they may seem—transverse social class. For instance, a large number of dishes that enjoy great reception in high-end cuisine today were previously disconsidered, since they were the outcome of creativity despite adversity, amongst the lower classes. 

    We all enjoy food. So, let it be the main excuse to entice our senses, and may this convergence between ways of seeing and knowing lead to a whole new gamut of sensations, readings and discursive possibilities. 

     Adán Vallecillo  – Curator

    Información

    Artistas:

    Benvenuto Chavajay Ixtetelá, Fernando Cortés, Beatriz Cortez, Carlos Fernández, Milena García, Sandra Monterroso, Christian Pérez, Raúl Quintanilla, Caroline Lacey y NadiA, Naufus Ramírez-Figueroa, Paul Ramírez-Jonas, Abigail Reyes, Gabriel Rodríguez, Sergio Rojas Chaves, Libertad Rojo, Christian Salablanca, Elyla Sinvergüenza, Lía Vallejo, Stephanie Williams

    Salas:

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